El dolor siempre esta etiquetado como algo malo, sin embargo, gracias a el podemos sentir, podemos darnos cuenta que estamos vivos y sobre todo podemos aprender a disfrutar y a valorar lo que no duele. Preocúpate cuando no sientas ningún dolor, pues significa que estas apagado o en un plano no terrenal.

En lo personal he aprendido a ver el dolor como un medio necesario para descubrir algo nuevo de mi misma, es decir, el vivir una experiencia dolorosa nos pone a prueba y nos enseña de que estamos hechos realmente, nos permite conocernos mejor y sobre todo, nos permite darnos cuenta que somos mejor de lo que creíamos. Si sabemos utilizar el dolor a nuestro favor podremos darnos cuenta de la fuerza interna que tenemos, de la capacidad de resiliencia y la capacidad de salir adelante pase lo que pase.

La clave es estar abierto a ver más allá de la mera experiencia de dolor, es profundizar y descubrir aquellas cosas buenas o positivas que logramos crear o ser a través del dolor.

El dolor es inevitable, todos pasaremos por procesos o momentos dolorosos a lo largo de nuestra vida, entonces, porque no en lugar de evitar abrirle la puerta y esperar a que la rompa, lo tomamos con sabiduría y nosotros mismos le abrimos la puerta, recibiéndolo sin mucho gusto pero con la mente y el alma abierta.

La vida no es color de rosa, eso lo deberíamos aprender desde chiquitos, pues cuando crecemos descubrimos que muchas veces la vida esta llena de dolor, duele crecer, duele enamorarse, duele perder a alguien, duelen los planes sin cumplir, etc. Pasamos por muchos duelos y eso es parte esencial de la vida. Pero también debemos entender que gracias a esos momentos amargos, podemos diferenciar y disfrutar los momentos dulces que la vida nos ofrece.

Cuando descubro a personas con historias o vidas llenas de dolor, me doy cuenta que muchos de ellos tienen un nivel de sabiduría mil veces mayor al mío, por alguna razón siento que el tener dolor te hace un poco más sabio, pues el dolor te hace crecer, te hace salir de tu zona de confort, y te hace romperte para posteriormente volverte a pegar con las piezas que realmente son necesarias e importantes. Ahí tenemos el ejemplo de dolor y sabiduría de Jesucristo en la Cruz.

Los japoneses tienen una filosofía de vida y técnica para restaurar la cerámica llamada Kintsugi, esta consiste en que la forma adecuada de reparar las cicatrices o grietas de alguna pieza de cerámica, es resaltándolas y embelleciéndolas en lugar de disimularlas, cubrirlas y/o esconderlas. Ellos pintan las grietas con oro para que estas se vean más definidas y hermosas.

Esto anterior me llena el alma pues todo el tiempo muchos de nosotros hemos visto e interpretado erróneamente las cosas. Que mejor filosofía que los japoneses nos enseñan, para entender que la vida es hermosa tal como es, con todo y sus dolores, cicatrices y descomposturas; es más, gracias a eso la vida aún es más hermosa pues significa que aunque estamos rotos, raspados o nos falten piezas fisicamente, estamos más completos emocionalmente y seguimos caminando, con una actitud resiliente a lo que venga.

A veces necesitaremos pedir ayuda para restaurar nuestro jarrón, y a veces tendremos la capacidad de hacerlo nosotros solos, lo que nunca debemos olvidar, es que sea lo que sea por lo que estemos pasando, nosotros tenemos el poder y la capacidad de salir adelante.

Laura A

Bienvenido a este espacio, por el cual platico mi experiencia con melanoma y la forma en que veo la vida después de ser tocada por esta enfermedad- Laura A

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